Aprende a calmar la inquietud

Todas las personas sentimos inquietud en algún momento aunque hay personas que tienen más tendencia que otros. En todo caso, es una sensación conocida por todos, que se puede aprender a manejar.

¿Alguna vez te has sentido sobrepasado por la inquietud? ¿Qué es lo que necesitas en relación a esta situación? ¿Cuáles son tus trampas a la hora de solucionarlo? ¿Qué objetivo te propones? ¿Quieres compartirlo y explicármelo en privado? Escríbeme.

Como experta con coaching sé que la desazón menudo nos impide ir hacia la dirección que queremos. Es un sentimiento que nos bloquea y se retroalimenta. Nuestra mente a menudo se encarga de ampliar este sentimiento en lugar de apaciguarlo. Todas las personas tenemos derecho a estar tranquilas y es desde la calma y la serenidad que podemos disfrutar de la vida, focalizarnos, tomar decisiones, relacionarnos sanamente.

Te propongo a continuación algunas pautas de mindfulness para la gestión de este sentimiento poco agradable que a veces nos acompaña.

Para hacer este ejercicio te puede ayudar estar en un lugar tranquilo o tengas una cierta privacidad al menos durante 10-15 minutos.

En primer lugar, deja de alimentar la inquietud desde la mente. Aparca por un momento los pensamientos y observa la sensación en tu cuerpo. A qué parte de tu cuerpo se manifiesta? Con qué intensidad? Qué forma o textura imaginas que tiene? Observa, sencillamente, sin juzgarte ni a ti ni al sentimiento.

En segundo lugar, concéntrate en la respiración. Pon la atención en tu vientre. Te puede ayudar colocar las manos sobre el ombligo para observar como se hincha y se deshincha la zona abdominal. Apaga por un rato todas las conexiones con el resto de estímulos. Sólo existe la sensación de la tripa al subir y bajar, como una ola.

Probablemente, mientras hagas el ejercicio, te darás cuenta que el pensamiento aparece de nuevo y pierdes la atención en la respiración. No pasa nada. Es natural sobre todo al principio de practicar. Cuando te des cuenta vuelve al ejercicio con una actitud positiva, sin juzgarte por haber perdido la atención y con curiosidad por esta barriga que se infla y se desinfla.

Continúa haciendo este ejercicio durante unos minutos. Es ideal si puedes ponerte una alarma unos 10-15 minutos antes de empezar.

Cuando termines, observa cómo está tu cuerpo, si hay alguna tensión, si está relajado…, observa qué ha pasado con la inquietud.

Agradecete a ti mismo/a haberte dedicado un tiempo , antes de despedirte de esta pequeña práctica.

Si vives con familia también puedes compartir este ejercicio con tu pareja o tus hijos. Los niños suelen mostrar interés por este tipo de prácticas para que los aportan bienestar.

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Que disfrutes de tu día.