Son muchos los padres y madres de amigas que nos dejan estos días

Esta crisis sanitaria se está llevando muchos corazones. Es un año en que predomina la sensación de otoño… madurez, vejez, soltarse a algo más grande. Dejar una vida para empezar muchas otras.

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Con una muerte se remueven muchas emociones. La negación da paso a la frustración, el miedo se convierte en tristeza. La tristeza puede vivirse desde la desolación. Y todo vuelve a empezar. Momentos de lucidez, de conexión, de amor. Espacios para la profundidad con uno mismo.

La tristeza nos vuelca hacía la introspección y la propia intimidad. El cuerpo nos pide descanso y la mente también. El estar solas, en silencio, con poco ajetreo nos invita a recuperarnos del estrés de la perdida. A hacer el duelo, imprescindible para reencontrarnos con nuestras personas amadas desde otro lugar donde pueden aparecer los buenos recuerdos, la ilusión, un sentimiento de alegría, de reencuentro.

Amigas, amigos, papás y mamás queridas, abuelos y abuelas, sea donde sea que estéis os amamos y os deseamos toda la luz y respeto.

Núria Balliu Castanyer

Girona 12 de diciembre 2020